Siento el arte en mi cuerpo
como abrojos prensados en mi piel,
perforando mi coraza
como si esta no fuera más
que endebles capas
del más fino algodón.
Solo aquel que tiene la delicadeza
de saber contemplar el alma de alguien más
es quien saca la esencia de las palabras
y la imagen de un sentir tan vulnerable.
Cuán afortunada soy
de poder embriagar mis manos
con las letras de mi alma.
Cuán grande es el valor
de transformar lo intangible del alma
en el papel.
Sé que mi arte es sombrío y desgarrador,
pero hay personas que al estar en la oscuridad
vemos con más intensidad
el brillo de las cosas,
lo sutil de los detalles
que se esconden en la tristeza
y en los pliegues del infortunio.
Porque también hay belleza
en aquello que está dañado,
en aquello que algún día floreció
y que con el tiempo fue corrompido
por la inmundicia.
Por eso mira más allá
de unas hojas adoloridas,
contempla la sutileza de la inestabilidad,
el intrincado territorio de la sinrazón.
Quizás entonces comprendas
que no todo lo oscuro está vacío,
que no todo lo roto ha perdido belleza
y que precisamente en estas grietas
es donde el alma encuentra la forma
de hacerse visible.
“Un arte cuya grandeza permanece intacta
incluso cuando aquello que expresa
está destruido”.