Bajo un cielo gris que pesa en la memoria,
caminos lentos de una larga historia,
el tiempo afloja su sutil correa
y el alma busca lo que ya no crea.
No es el final de un sol que se desata,
sino el silencio que la tarde ata;
un viento suave que los pasos frena,
calmando el eco de toda pena.
Pero aún en la sombra que la tarde abriga,
hay una chispa que el dolor mitiga:
cada latido, por sutil que sea,
es luz de vida que en la sangre cree.
Respira hondo, que el camino es tuyo,
despide al frío con suave murmullo;
la tristeza duele, pero también sana,
y el alba siempre vuelve mañana.