Llegaste para alegrar mis días.
Llegaste en medio del ajetreo,
cuando aún no te esperaba.
De pronto se rompió la fuente
y el plan del día cambiaba…
Aunque fue lento tu nacimiento,
no alcanzaron a evitar
el inmenso dolor
de tu alumbramiento.
Aún recuerdo aquel dolor
y el instante en que vi,
por fin,
tu rostro tierno.
Verte crecer es encontrar
nuevas razones para sonreír,
aprender a acompañar tus pasos
y celebrar el hijo que eres.
Y mientras tú descubres el mundo,
yo descubro, a tu lado,
cuánto amor puede caber en mí.
Eres brisa fresca en el verano,
el abrazo que alivia mis cansancios.
Tu sonrisa ilumina mis oscuridades
y tu risa llena de algarabía mi vida.
Tu presencia es un don de Dios,
a quien nunca agradezco lo suficiente,
pero sí con infinito amor.
María del Alba