La garza pedía al cielo
que la maldad, terminase;
la maldad de aquel halcón,
que la asediaba en las tardes.
Cierto día en la mañana
el halcón pudo acercarse
a la garza distraída
sobre un verde Guanacaste.
Y al mirar cerca el halcón
exclamó: —¿Vas a matarme?
—¿Es que no te da vergüenza,
derramando tanta sangre?
Y el halcón, con su mirada,
fijamente sobre el ave,
le clavó pronto las garras
y se la llevó del valle.
Y murió la pobre garza
que creía que era viable
convencer al vil halcón
con palabras suavizantes.
Para los depredadores
la matanza es el lenguaje
que utilizan contra el mundo…
¿No habrá nada que los pare?
La moral no tiene espacio
si las aves son rapaces.
Viven siempre de carroña
y matando para hartarse…