Sota el dosel de un cielo de ceniza,
se agita el mar con furia de gigante,
buscando en el espacio de un instante
la huella del ayer que nos eterniza.
El tiempo, con sus manos de nodriza
nos arrulla y nos miente en el semblante,
avanza con su paso mendicante
mientras el fuego se convierte en triza.
No busques en el sino la respuesta,
ni pidas al silencio su tesoro,
que la vida es una valiente apuesta.
Se escribe el porvenir en hilos de oro,
y aunque la noche se presente opuesta,
yo guardo tu recuerdo con decoro.
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