Hice de todo por verlos felices,
buscando su cariño, queriendo encajar;
pero nada bastaba, nada era suficiente,
y hasta mis esfuerzos llegué a cuestionar.
Si reclamaba el desprecio y maltrato,
el verdugo era yo, el culpable al final;
cedía mi orgullo por unas migajas de afecto,
sacrificando mi paz por sentirme amado.
Hoy me alejo, recojo mis pedazos,
decido sanar y volver a vivir;
pero ahora soy el peor de los hombres,
un hipócrita por pensar en mí.
Aprendí que no se mendiga el cariño,
ni se entrega el alma por aceptación;
que vivir arrodillado no es amar a los tuyos,
y que también merezco respeto y amor.
Porque antes de vivir para complacer a otros,
aprende primero a vivir para ti.
G3