Tranquila en serena calma
la armoniosa noche llega,
suave desliza su oscuro
manto de tinieblas negras.
Se arropa el bosque de sombras
dejando noche serena
y entre celajes de nubes
se aclara la luna llena.
Y entre montes y montañas
se sosiega paz eterna.
Un susurro de las ramas
que al soplo del viento juegan.
Y un murmullo desde lejos,
que al compás de oreo llega,
son ríos y manantiales
que de las cimas ya suenan.
Un suave verdoso aroma
endulza la brisa tierna
son las flores, sus perfumes
que al ancho campo refrescan.
¡Qué más que esta paz augusta
se siente en noche serena
si en medio de la ternura
se siente armonía eterna!
Trémulas luces fecundan
de colores que circulan,
son luciérnagas que alumbran
cual luceros de esmeraldas.
Y esos cantos que murmuran
son bellos grillos que cantan,
que entre las ramas ocultan
conciertos de serenata.
Tal vez, es más grato y puro
aquel cántico a lo lejos
del ronco graznar del búho,
que inunda todo el silencio.
¡Oh! qué suave dulce calma
se contempla en este imperio,
solo ondas del sonido andan,
se envuelven en un misterio.
Las horas tranquilas pasan
en el lóbrego silencio
y algunos silbatos se oyen
formando un grato contento.
De mil maneras palpitan
esas estrellas del cielo
que entre oscura paz sumida
aclaran un poco el suelo.
Que silenciosa es la noche
como un largo y dulce sueño,
tan tranquila y apacible
como latidos del pecho.
Así quizás son las horas
en aquel descanso eterno...
junto a mi amada contemplo
el suave unir del silencio.