Tienes fuego en las manos
cuando escribes,
y travesura en los ojos
cuando me miras.
Eres poeta intenso,
que me enciende con versos,
y niño tierno
que me desarma con una risa.
Contigo descubrí
que también me salen versitos,
que si es por ti
hasta me animo a escribir bonito.
Fuiste tú,
con tu intensidad juguetona
y tu ternura de niño,
quien me hizo entender
que amar también es poesía.
Y si me dejas,
yo te sigo escribiendo bajito,
tú me sigues enseñando despacito,
para que este amor nuestro
nunca se quede sin versito.