Vi su sonrisa radiante,
su mirada hipnotizante
brillaba como siempre... cómo antes.
«Qué lindo paisaje
y qué bella obra de arte»,
pensé mientras la veía.
Qué feliz estaba,
qué bella mirada...
Sonreí, incapaz de apartar la vista.
Finalmente me miró,
se acercó y me sonrió.
Hablé con ella;
su ausencia me lastimaba
y era muy pesada.
Pregunté acerca de su partida...
Noté tristeza en su mirada,
pero sonrió y dijo:
«Cuando mires las estrellas,
acuérdate de mí;
cada una de ellas
haré brillar por ti».
Al principio no entendí aquellas palabras,
pero después de despertar... comprendí.
Me asomé a la ventana,
miré al cielo,
lleno de estrellas que brillaban para mí.