Sielm

Sin titulo 2

A veces, cuando no se ve salida,
a veces, cuando se está agotado,
a veces, cuando pensar se vuelve difícil,
aparece una pregunta, simple, corta,
mas, aun así, devastadora...
Una pregunta con un potencial destructivo
para demoler hasta la más férrea defensa.

 

¿Para qué?

En su simpleza, deja abierta la puerta para
ser completada con lo que se desee;
sin embargo, termina con un simple «seguir».

Dejando, sin lugar a dudas, el deseo de detenerse,
no a contemplar, sino a descansar.

 

Pero... ¿el descanso deseado vale el precio a pagar?
Esa pregunta no se hace. No importa. El «¿para qué?» gana,
opaca todas las preguntas e inunda la mente de un sentimiento
de tranquilidad con el hecho de pensar, como respuesta, en detenerse.

 

¿Para qué...?