La mesa está coja y se balancea
cuando se apoya el codo en la punta;
mantel con manchas de vino,
semen y vómito viejo.
Baudelaire pide hachís de postre
y recita un verso mientras se le cae la baba:
\"La carroña eres tú, mi amor\".
Nadie aplaude.
Rimbaud, con los pantalones abajo,
dice que la poesía es una paja
y que todos ustedes son unos viejos
que escriben para que los cojan.
Verlaine lo escucha y se la jala debajo de la mesa,
llorando.
Poe no come por melancolía;
Poe esnifa el salero
y le habla a una mancha de la pared
como si fuera Lenore.
La mancha no contesta, y para colmo
trae un cuervo disecado en el hombro.
Artaud se muerde la lengua
y escupe la sangre en el plato de a lado
diciendo: \"prueben, esto es teatro\".
Pizarnik se corta un poco el muslo en el baño
y regresa diciendo: \"ya cené\".
Sin embargo, llora desconsolada
al ver qué ningún hombre se aprovecha de ella.
Bukowski vomita el resto de trago barato
sobre un poema de amor y dice:
\"miren, por fin algo honesto\".
Mallarmé se caga con la idea de Dios,
en la cena y en todos los demás,
luego sin abrir la boca solo
brava... poetas, huevos.
Corbière está tirado boca abajo
en un charco de vino barato
balbuceando que \"la elegancia\"
es un cáncer incurable.
Está Valmore masturbando
su vulva con una cruz
pensando que el dolor es el único placer
que puede sentir a pesar de los ayeres
y su burlona lírica poética.
Al final no hay pan, hay colillas, no hay vino,
hay absenta rebajada con agua de la llave.
Y el Cristo del espejo
está vomitando también,
porque no soporta
el olor a poeta que se cree inmortal
y huele a sobaco y ha fracaso.
Luego se van sin pagar
dejando a la mesa como a la vida:
sucia, a medias y sin nadie que la limpie.