Finalizando está octubre,
un mes de escasez, -‘Urria’
se dice- y se redescubre,
con indudable alegría,
el tibio sol otoñal
que no conlleva el calor
que hubo en verano, anormal,
implacable, abrasador,
que augura un futuro feo.
En cambio, hoy casi me asombra,
verme, al salir de paseo,
buscando el sol, no la sombra,
para sentir la caricia
del sol de otoño en la cara,
una auténtica delicia,
que la endorfina dispara.
Me ha dado por recordar
los otoños de mi infancia,
de un frío casi polar
y de lluvia en abundancia.
Me asombra ver tanta gente,
que niega, con furia encima,
el cambio más que evidente
y acelerado del clima.
© Xabier Abando, 29/10/2026