jesus alberto porras

Por amarte así

 

 

Sembré mis retoños en plena primavera,

regué tus terrenos con fe y devoción;

puse hasta mi alma de jardinero,

¡y otro cosechaba mi dedicación!

Yo cargaba el agua, preparaba el terreno,

quitaba las piedras, cuidaba la flor;

pero el muy astuto, sin mover un dedo,

se llevaba el fruto y me dejaba el dolor.

 

¡Qué negocio tan bueno resultó mi aventura!

Yo ponía las manos, el sudor y el abono;

otro recogía la fruta madura,

¡y encima exigía que le diera el terreno!

Cuando el raudal se secó por completo,

se marchitaron mis sueños también;

yo me quedé hablando con los esqueletos

de aquellas promesas que nunca sembré.

Y entre tantos cardos, espinos y abrojos,

comprendí la lección con amarga ironía:

**quien siembra amor con los ojos cerrados

puede acabar pagando la cosecha de otro.**

Hoy miro mi tierra, tan seca y desierta,

y río al recordar mi absurda inversión:

¡le di mis semillas, le abrí hasta la puerta,

y terminé de espantapájaros de mi propia ilusión!