De Toledo a Madrid, crucé también esos campos,
con la frente apoyada sobre mis manos;
hoy solo hay apoyo en un terco llanto
que resiste el recuerdo que no logra nombrar.
Paisajes de caminos y álamos,
¿quién iba a saber
que ida o regreso dolerían tanto?
También fui pasajera,
un nombre entre nombres,
un billete de ida, un destino, una voz;
llevaba mis recuerdos, mis penas y mis gozos,
y la dulce certeza de volver bajo el sol.
Hoy vuelvo para recoger sueños rotos,
abrazar en silencio a los seres queridos
y dejar una estrella donde cuesta dormirse.
Que descanse la noche sobre tanto desvelo,
que una mano sostenga la tristeza y el duelo;
que les llegue despacio una brizna de cielo.
Y pedir que estas palabras
les lleven algo de sosiego.