Sabía que cometía un error
al dejarte ir, pero no me di
cuenta de mi equivocación,
hasta verte subir en ese tren,
no sé, cuál es el tu siguiente destino.
Quise gritar para detenerte,
pero mi voz se apagó y solo
me quedé a observar con
impotencia tu partida, ni un
adiós adecuado alcancé a darte.
¿Volverás? Quiero saberlo ya,
pero ya no me escuchas y eso
me lastima el alma, deseo correr
hacia donde estas, pero mis
piernas no responden, quedaron
paralizadas.
Veinte cartas te escribí en
la noche, todas contenían mis
sentimientos y palabras nunca
dichas, me preguntó: ¿Cómo te va?
Esperaba una llamada tuya.
¿Estás viendo el cielo en este
momento? Porque si es así,
verás como las estrellas brillan
sin césar, tranquila amada mía,
yo también estoy viendo el cielo.