Hay un jardín que se cosecha desde una silla, sin tener que doblar las rodillas ni enmugrar las uñas
Se hace florecer lo que muchos no tienen tiempo de aluzar, en nuestros grupos no existen los tiempos borrados sino los museos de vivencia y portales todavía abiertos, quizá alguno eterno.
Flores abiertas y flores cerradas, dimensiones variadas,
la vista se desbloquea ante el espectáculo de frutos híbridos,
colores teatrales que hacen sobresalir al pistilo de la flor y un brillo denso que recorre los límites del pétalo
Para que crezcan más; les hablamos, las embelesamos.
Decoramos los interiores de un mundo superficial agregando al aire un clima tibio de inspiración que sale de una boca hablando despacio y entrecortada en medio del invierno, una boca de mujer que por fin intercambia palabras con el hombre que siempre ha querido.
Nutrimos el alma de los demás con léxico a veces incomprendido,
con palabras rebuscadas se barniza lo cotidiano,
se celebra a los sentimientos.
Dicen: quiero algo más profundo, más hermoso
Pero la belleza tiene un precio
se cobra el sueño
se parte la cabeza
se quiebra el corazón del Poeta.