Como el salmón, que lucha por alcanzar su destino a pesar de los obstáculos;
o la orca, que afronta las dificultades y sabe adaptarse.
Como el camello en el desierto, que con una fortaleza que no le cayó del cielo,
seguro de sí mismo, solo o acompañado,
sigue su marcha.
Porque vivir, es aprender a afrontar los golpes, aceptarlos y adaptarse,
encontrar el equilibrio entre avanzar, pausarse y seguir adelante...
Entre pausas y descansos,
dejar huella propia a cada paso:
esa es la clave.