Las turbulencias que fragua la mente,
al discernir de la realidad
y enarbolarla cual verdad ingente,
lejos asiste de ser probidad.
El cerebro rumia y es vehemente,
si bien, percibe en su informalidad,
una contingencia del medio ambiente
que impugna el contexto de la verdad.
Lo que los ojos ven, puede ser falso,
y el instinto no aceptar el engaño
y, no obstante, embaucado ir al cadalso.
¿Qué se hace para eludir el desmaño,
si con fervor accedes a ir descalzo
y remontarlo... escaño a escaño?
algher