LOURDES TARRATS

DIÁLOGO CON EL AMOR

 

Hablemos de una vez…
Dime quién eres:
si eres la llama que abrasa
o la lluvia que calma las heridas.

Dime por qué llegas
con manos de seda
y, a veces, con el filo oculto
de la nostalgia.

Y el amor me respondió:

—Soy todas mis contradicciones.
Soy el temblor de una mirada,
la paz de un abrazo,
la ausencia que duele
y la presencia que salva.

Soy la piel que recuerda,
el deseo que despierta en la noche,
la ternura que permanece
cuando el fuego comienza a quemar.

No me busques perfecto.
Ámame entero:
con mis vértigos,
mis milagros
y mis cicatrices.

Entonces, por un momento,
guardé silencio
y me apoyé sobre su pecho.

—Pero así te amo… —murmuré.

Entonces dijo:
—Fundámonos, pues, en la pasión.
Yo soy la llave;
tú, la cerradura.
—Ven, mi niña hermosa:
así se vive en este mundo.

Comprendí entonces,
al sentir la brasa de su cuerpo,
al escuchar el eco penetrante de su voz,
que el amor no viene a pertenecernos;
viene a transformarnos.

L.T.

10/28/2026