Un caballero que entre sangre y polvo camina,
cruel, sosteniendo su espada inútil,
con su armadura de hierro
tan pesada como su dolor.
Siendo así un castigo,
cansado de su vida mortal,
suspira fugaz el caballero;
con su mirada vacía vaga sin rumbo,
buscando a su amada.
En un bosque encantado un hada suspira.
Árboles de una naturaleza que llora
dejan caer hojas de plata
como lágrimas de rocío.
Triste, llora bajo la luz de la luna,
una luz sin calor la ilumina;
brillante el bosque bajo luz mística azulada,
mas esa luz fría no puede calentar su corazón marchito.
El hada, encerrada en su prisión de árboles,
esperando que su caballero venga por ella.
Todas las noches se escucha en el silencio del bosque
Suena su voz cantando para su amado.
el bosque calla para escuchar sus lamentos,
haciendo que su soledad sea más profunda.
Con sus alas rotas —y antes de cristal liviano—,
pesan como plomo, atándola a la tierra
de donde nunca podrá escapar.
Llorando lágrimas de cristal,
lleva una corona de espinas,
siendo reina de sus lamentos.