Me acercaron tus brazos a tu pecho castizo
y yo, trémula de ansia, en la hora afortunada,
imaginé que en vuelo cruzaba la alborada
bajo tu abrigo cálido que el alma siempre quiso.
Rindió mi voluntad con inocente hechizo
el aroma turbado de alondra enamorada,
y en el pectoral nido, con ilusión dorada,
hundí mi corazón sin consulta ni aviso.
¡Ah, vive mi momento con miel de tulipanes,
con la cumbre de rosa envuelta en celofanes,
con el crisol vistiendo el azul hontanar!
El faralá de enagua sutil se echó a danzar
dándote desnudez de mis castos afanes
con besos al vaivén de mi ardiente amplio mar
Beatriz Vicentelo
Der. Res.