Son las vísperas de tu partida; paralelamente, una fiesta se prepara. Borbotones de luces dibujan nuestro cielo que, adormecido, abre sus ojos.
Una caricia tibia me dice que se aproxima la hora, y la urgencia del abrazo se vuelve magia.
Pienso que la brisa se detiene, aunque las hojas estén bailando y los granos de tierra suelta, corriendo.
Entonces nos reímos y, casi sin saberlo, prometemos volvernos a encontrar