Gissel Gandara

​La anatomía del rechazo

Mi piel te rechazaba al instante,

con aromas extraños al mezclarnos los dos;

mi cuerpo advertía tu rastro distante,

sintiendo el engaño detrás de tu voz.

​

Tocabas otros cuerpos, cargando el lamento

de almas ajenas que traías a mí;

pensarte de pronto se volvió un tormento,

un asco profundo que ya no sufrí.

​

Mi anatomía dejó de ser mía,

guardando el veneno que había en tus manos;

el cuerpo gritaba con gran agonía

lo sucio y podrido de tus actos vanos.

​

El pH lo exhalaba con fuerza y temblores,

el pecho oprimido pedía compasión;

gotas de sudor y ocultos dolores

rogaban por tregua a la desesperación.

​

Mas no fue la mente, ni el pH sangrante,

fue el útero mismo que al fin estalló

al ver que un reflejo de ti, agonizante,

en mi propio centro crecía y tembló.

​

Mi cuerpo lo supo, lo echó de su vera;

gritaba a los vientos mi fibra al arder:

estabas pudriendo mi vida entera...

y hube de arrancarte de mi propio ser.