Elvis Joseph

Aun te extraño

Han pasado tantos días
desde aquel febrero cruel,
desde la última vez que te vi,
desde que pude tenerte cerca
sin saber que no volvería a hacerlo otra vez.

Desde el diecinueve de febrero
no vuelvo a encontrarme con tus ojos,
y hoy, veintisiete de octubre,
aún hay algo de ti
que se niega a convertirse en recuerdo.


Aún te extraño.

Extraño tus brazos rodeándome,
tu manera de acercarte a mí,
tu calor cuando decías tener frío
y encontrabas en mi cuerpo
un lugar donde quedarte.

Extraño tus besos,
tu voz, tus ocurrencias,
las cosas que decías sin pensarlo,
esas pequeñas tonterías
que entonces parecían tan simples
y que ahora daría tanto
por volver a escuchar.

¿Recuerdas aquellos viajes en moto?
¿Las noches en que cruzabas kilómetros
solo para verme un instante?
Quizá tú hayas olvidado las fechas,
quizá ya no recuerdes cada detalle,
pero yo todavía guardo aquellas noches
como si el tiempo no hubiera pasado.

Y aquel rinconcito del sabor…
JAJAJA, qué curioso, ¿verdad?
Hay lugares que para el mundo no significan nada,
pero que para uno
se convierten en páginas enteras
de una historia que ya terminó.

A veces miro las montañas,
el nevado que duerme a lo lejos,
y pienso que, detrás de aquel horizonte,
existe un lugar donde quizá estés tú.

Y aunque hace meses que no te veo,
hay días en que pareces estar cerca,
como si bastara mirar hacia el horizonte
para sentir que todavía no estás tan lejos.

Me pregunto si alguna vez
tú también miras hacia las montañas,
si por un instante piensas en mí,
sin saber que, de este lado,
todavía hay alguien que te extraña.

Y me pregunto si alguna vez
también te acuerdas de mí,
si alguna canción,
una calle o un abrazo
te devuelve por unos segundos
a aquel muchacho que te esperaba.

No sé si recuerdas mi nombre,
mi edad, aquel quince de agosto
en que nuestras historias se encontraron.
Yo recuerdo demasiado,
hasta las palabras que quizá tú olvidaste,
hasta el orden de nuestras despedidas,
hasta las veces que te fuiste
y las veces que volviste.

No porque quiera vivir en el pasado,
sino porque hubo cosas contigo
que nunca aprendí a olvidar.

Y después llegó febrero.
Nuestra última vez.
Yo todavía no sabía
que aquella despedida
iba a quedarse conmigo tanto tiempo.


Me fui sin contarte toda mi historia,
sin mostrarte mis miedos,
sin decirte cuánto estaba cambiando mi vida.
Te dejé una parte de la verdad
y me llevé conmigo todo lo demás.


Tal vez fue mejor así.
Tal vez no.
Hay respuestas que nunca conoceré
y preguntas que ya no necesito hacer.

Lo cierto es que lloré.
Lloré durante semanas,
y después, cuando creí que podía continuar,
volví a llorar por ti.

Hasta que agosto pasó,
y septiembre se fue,
y llegó octubre
con sus días interminables.


Y aquí estoy,
ocho meses después de aquella última vez,
escribiéndole a alguien
que quizá ni siquiera imagine
cuánto espacio sigue ocupando en mí.

No te escribo para que regreses,
ni para pedirte explicaciones,
ni para reclamarte las promesas
que nunca llegamos a cumplir.

Te escribo porque te extraño.
Porque puedo aceptar que terminó
y aun así sonreír cuando te recuerdo.
Porque puedo reconocer lo que dolió
sin arrepentirme de haberte conocido.


Porque no sé si te amé,
pero sé que te quise muchísimo.
Y hay una diferencia entre olvidar a alguien
y aprender a vivir
sin volver a tenerlo entre los brazos.

A veces imagino que nos encontramos,
que apareces frente a mí,
que sonríes como antes
y que yo, tímido como siempre,
intento preguntarte cómo has estado.

Quizá te abrazaría.
Quizá no sabría qué decir.
Quizá por un instante
volvería a sentir aquella familiaridad
de estar cerca de ti.


Y después seguiríamos siendo dos personas
que alguna vez compartieron algo hermoso,
dos caminos que se cruzaron
y que la vida llevó por separado.

No sé si volveré a verte.
No sé si tú también me extrañas.
No sé qué queda de mí en tu memoria
ni cuánto queda de ti en la mía
que todavía no haya aprendido a doler.

Pero si algún día recuerdas
aquellas noches, la moto, los besos,
el frío que buscabas en mis brazos
y las veces que nos dijimos adiós,
ojalá recuerdes también
que hubo alguien que te quiso
muchísimo más de lo que supo explicar.

Y si nunca vuelves a recordarlo,
si el tiempo borra nuestros nombres
de los pequeños rincones de tu vida,
no voy a pedirle a tu memoria
que conserve lo que mi corazón conserva.

Porque yo estuve allí.
Yo viví nuestra historia.
Yo sé lo que sentí.


Y hoy, veintisiete de octubre,
cuando han pasado tantos días
desde aquel diecinueve de febrero,
todavía puedo decirlo
sin pedirte nada a cambio:

Aún te extraño, D. M.

No todos los días.
No a cada instante.
Pero hay momentos en que quisiera
volver a encontrarte,
abrazarte sin prisa
y quedarme un poquito más.

No para volver a empezar nuestra historia,
ni para cambiar lo que fuimos.


Solo para tenerte cerca una vez más,
mirarte a los ojos
y comprobar que, aunque el tiempo haya pasado,
aquello que vivimos fue real.

Porque algunas personas se marchan
y dejan de formar parte de nuestros días,
pero no desaparecen de golpe
de todos los lugares
donde alguna vez fuimos felices.


Y tú, aunque ya no estés conmigo,
todavía vives en algunos de los míos.

Aún te extraño.

Y quizá esa sea mi manera
de despedirme de ti
sin tener que fingir
que nunca quise que te quedaras.

 

-Joseph