Me he vuelto una adicta a la cafeína.
Solo quiero un sorbo y que no se acabe.
Cuando el vapor roza mis labios.
Cuando el sabor permanece absorto en mis papilas gustativas.
Lo quiero.
Triste, lo quiero feliz, lo quiero vacía.
Solo quiero más, como una adicta.
Sobrevivo cada mañana con los párpados pegados.
Y, aun así, mi lenguaje es tan pobre que no alcanza para expresar mi adicción.