Corren espirales de silencios enrollados
en la anchura de los pretextos de manual; obviedades soldadas a lapsos de desentendimiento.
Los infinitos cuelgan de una dulzura cortante entre lágrimas abruptas de madrugadas en falso.
La mente fija que en un descuido me pinta líneas rojas en las palmas.
Hubo un tiempo desolado, atado al sentido
del valor absoluto del deber.
Fue.
Nunca se trata de mí... la factura de un corazón a contrapago acaba por delatar
cuando sus tréboles no funcionan.
Mato cabos justo antes de la hora de la cena.
Yamel Murillo
Mitocondria©
D.R. 2017