Tuve, me digo, un corazón predispuesto a quererte,
solo para no echarle la culpa al destino,
para no admitir que pasé toda la vida
buscando la manera de encontrarte.
Pero la verdad es que te quise siempre.
Desde los días de la infancia,
cuando buscaba los mejores mangos para regalarte
solo para que me los despreciaras,
hasta la juventud y las canchas de fútbol,
donde salía molido y mentía diciendo que iba a ver a mis amigos
solo para perderme por la calle de tu casa
y verte, así, de \"pura casualidad\".
Después desde luego,
vinieron las razones de la vida,
el exilio, las distancias, un borroso olvido.
Y me pasé algunas tardes preguntándome qué hacías,
si todavía te acordabas de aquel niño
que te miraba como se mira
de pronto a un pajarito,
y de aquel que te escribió también
sus primeros poemas.
Hoy te recuerdo con un cariño sereno
que solo la edad nos permite.
Y aunque a veces pienso que tal vez fue un error quererte,
sé que en el fondo no me equivoqué:
todos los amores que vinieron después
llevaban algo de tu nombre.
Y sobre todo
algo de esa herida primordial,
esa forma en que me enseñaste
sin saberlo
a tener para siempre el corazón roto.