De lo mismo que reniegan,
de lo mismo también viven.
Si se enfrascan en peleas
mucho más se contradicen.
La palabra verdadera
se mantiene siempre firme
y nos da buena cosecha
cuando nunca se desdice.
Siempre observe usted las hojas
que se caen ya marchitas
y terminan como alfombras
donde pasan y las pisan.
«Y a más secas, más crepitan,
tal parece que hasta lloran...»