Se llamaba Pronto,
nació anticipado.
Escribió su epitafio,
pero jamás se murió.
En su lote de cementerio
construyeron una fuente.
La Muerte se cansó de esperar
y se mudó al extranjero:
al llegar,
tenía reservación.
Dios en persona
lo declaró vitalicio.
Ya tenía el carnet.