Aquellos ojos de fuego
de aquel otoño sombrío
aquella estación de espera
a las orillas del río.
Sus miradas se encontraron
y fue como un desvarío
quedando heridos de muerte
por las flechas de cupido.
De sus bocas escaparon
tristes y largos suspiros
y de sus ojos una llama
perdida en el desvarío.
El tiempo los separó
igual que los había unido
él paseando con otra
y ella, fingiendo el olvido.
Por el andén del recuerdo
caminan de amor heridos
porque saben que aquel fuego
siempre seguirá encendido.