© 2026 uriaheep83 | xabier rivas martínez
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Ojalá que él que corte en tu huerto
lo que he sembrado yo,
sea tan feliz volviendo a sembrar
como lo hice yo.
No hay vergüenza en asumir
que ya no quedan semillas en mi bolsillo.
No hay vergüenza en admitir
que recogeré en otros huertos
lo que otros sembraron.
Pero jamás un fruto será tan rico,
tan maduro y tan nutritivo,
como el que emergió de mis semillas
y tu fértil huerto.
He saludado al niño pero no me reconoció;
me dijo que se llamaba Amor,
pero que su apellido era Olvido.