Fiscalía
Comparezco ante tu audiencia
siempre común con facultad de olvido.
Sigo,
con la confesión intacta
de quien ama.
Vengo a corroborar
que tus ojos son como tus oídos:
inmunes a la voz del alma mía,
ciegos incluso cuando miran,
sordos a los reproches y silencios.
He pasado demasiado tiempo
justificando tus desprecios,
convirtiendo tus silencios
en atenuantes
y tus ausencias
en pruebas de inocencia que sostengo.
Y en la audiencia
que me concede el tribunal de tu cuerpo
en estos apenas cinco minutos
examinas las pruebas,
yo exhibo las heridas
y declaro bajo juramento
que cada beso ofrecido
fue una verdad sin testigos.
Presento como evidencia
mi conocimiento de ti,
l
as caricias que aprendieron
sobre ti el camino,
la demanda de tus labios,
la confesión de mis manos
y este amor que, de tan sincero,
ha terminado por incriminarme.
Pero en la jurisprudencia del cariño
no encuentro justicia:
tus fallos favorecen mi tormento,
tu sentencia absuelve al desdén
y la nulidad de mi pena
queda sobre piel proscrita.
En los archivos de tu indiferencia.
Constan en autos
intereses opuestos.
Solicito entonces
la declaratoria de incompetencia
de este tribunal
para juzgar los asuntos del alma.
Y cuando espero una sentencia,
me ofreces, en nombre de la concordia,
la depuración de los afectos...