Elizabeth Maldonado Manzanero

Fiscalía

Fiscalía

Comparezco ante tu audiencia

siempre común con facultad de olvido.

Sigo,

con la confesión intacta

de quien ama.

 

Vengo a corroborar

que tus ojos son como tus oídos:

inmunes a la voz del alma mía,

ciegos incluso cuando miran,

sordos a los reproches y silencios.

 

He pasado demasiado tiempo

justificando tus desprecios,

convirtiendo tus silencios

en atenuantes

y tus ausencias

en pruebas de inocencia que sostengo.

 

Y en la audiencia

que me concede el tribunal de tu cuerpo

en estos apenas cinco minutos

examinas las pruebas,

yo exhibo las heridas

y declaro bajo juramento

que cada beso ofrecido

fue una verdad sin testigos.

 

Presento como evidencia

mi conocimiento de ti,
l

as caricias que aprendieron

sobre ti el camino,

la demanda de tus labios,

la confesión de mis manos

y este amor que, de tan sincero,

ha terminado por incriminarme.

 

Pero en la jurisprudencia del cariño

no encuentro justicia:

tus fallos favorecen mi tormento,

tu sentencia absuelve al desdén

y la nulidad de mi pena

queda sobre piel proscrita.

 

En los archivos de tu indiferencia.

Constan en autos

intereses opuestos.

Solicito entonces

la declaratoria de incompetencia

de este tribunal

para juzgar los asuntos del alma.

 

Y cuando espero una sentencia,

me ofreces, en nombre de la concordia,

la depuración de los afectos...