bohemiopuro

El peso del desprecio

El peso del desprecio

 

No dolió tu adiós.

Dolió tu manera de irte.

Como si lo nuestro

hubiera sido apenas polvo

sobre tus hombros.

 

Como si quererme

hubiera sido algo pequeño

que te quitaste de encima

antes de cerrar la puerta.

 

No dolió perderte.

Dolió mirarte después

y descubrir

que en tus ojos

ya no quedaba ni ruina.

Ni rabia.

Ni nostalgia.

Ni una herida abierta.

Nada.

 

Y yo cargando todavía

lo que tú soltaste

sin mirar dónde caía.

Qué cruel se vuelve el desprecio.

 

No grita.

No rompe.

No necesita despedirse.

 

Solo enfría todo.

Convierte la memoria en piedra.

 

La voz en eco.

El amor en pregunta.

Y yo me pregunté tantas veces

en qué momento

dejé de importarte.

 

En qué instante exacto

mi nombre dejó de quedarse contigo

aunque fuera un segundo más.

 

Tal vez nunca lo sabré.

Tal vez el desprecio

siempre llega en silencio.

 

Primero se apagan los gestos.

Después la mirada.

Después las ganas.

 

Y al final

solo queda una distancia

que nadie nombra

pero ya lo ha roto todo.

 

Lo que más me dolió

no fue perderte.

 

Fue sentirme invisible

frente a quien una vez

me hizo sentir visto.

 

Pero incluso eso pasa.

Incluso el desprecio

se cansa de doler.

 

Y lo que un día fue herida

después se vuelve cicatriz.

 

Y la cicatriz

ya no pide explicaciones.

Solo permanece.

 

Como prueba

de que hubo daño.

Y también

de que hubo vida

después de él.

 

Autor: El bohemio puro.