Y cuídate de algo importante:
no conviertas ninguno de los tres en prisión.
Que el ayer no te tenga amarrado sin dejarte avanzar.
Que el hoy no se te haga estrecho ni oscuro.
Que el mañana no te atormente con miedos que aún no existen.
Tres tiempos, tres regalos, tres misiones distintas:
comprender, vivir, construir.
Ninguno es dueño de ti: tú eres el dueño de los tres.