Ella es el mismo suspiro
que susurra en mi oído
durante el invierno frío.
Ella es la razón que concibo
en mi anochecer,
cuando espero el amanecer.
Ella es la misma felicidad
que dibuja una sonrisa
en mi existir.
Ella no sabe mentir,
porque siempre da todo de sí.
De sus ojos brotan lágrimas de sinceridad
cuando de su boca
exhala la palabra amar.
Ella compromete su pensar
cuando se trata de dar
sin condicionar.
Ella es la montaña
por la que el sol ilumina mi ser.