BALGAL
NO NOS PONEMOS DE ACUERDO, MUJER.
No nos ponemos de acuerdo, mujer.
Tú quieres que el amor sea limpio como una sábana al sol,
puesto en orden, con sus horas de visita y sus domingos,
un amor de tarjeta postal o de iglesia los días de lluvia.
Y yo te salgo con mis manos sucias de quererte,
con este desorden en los ojos,
esta urgencia de perro de la calle que tiene hambre a medianoche.
Tú dices (mañana) como quien guarda una moneda en el bolsillo.
Yo te digo (ahora) y te desvisto con la boca,
y te muerdo los hombros porque tengo miedo de que el tiempo nos entierre.
Tú quieres un amor eterno, que dure lo que duran las cosas estúpidas,
y yo solo quiero este instante, este pedazo de carne viva,
esta muerte chiquita que nos damos entre las sábanas.
Nos peleamos por la luz, por el aire, por el modo en que te sientas.
Me arrojas tus silencios como piedras,
y yo te contesto con un poema de rabia que después me trago con café negro.
Dices que no te entiendo. ¿Y quién carajos quiere entenderte?
A las mujeres como tú no se les entiende, se les padece,
se les toma como un vaso de agua en el desierto, de golpe, hasta que duela el pecho.
Eres mi enemiga más íntima, la más dulce.
Qué bien nos sale esto de destruirnos de lunes a viernes
para andar buscándonos los ojos el sábado en la tarde.
Nos odiamos de una manera tan perfecta, tan cotidiana,
que si un día me faltas, me va a faltar la mitad de mi sangre.
Andamos en desacuerdo, sí.
Tú vas por tu lado de la cama y yo por el mío,
pero a mitad de la noche, en lo oscuro, donde las palabras ya no sirven,
tus pies buscan mis pies porque tienen frío,
y nos morimos de ganas de volver a equivocarnos.