Jaybert Jurlian Escalona

NOCTURNO VIII

¡Adiós, mi luna enamorada!

Sigues siendo aquella estrella fugaz

que alguna vez quiso ser sol

e intentas apagar mi amanecer.

Pero te encarcelé en mis madrugadas,

allí donde el tiempo se disuelve

y las noches sirven de medicina.

 

Te debo varios trasnochos

pensándote una y otra vez

bajo el cobijo de mis risas calurosas.

Pero la realidad me golpea de frente:

tú eres luna y yo soy sol,

conectados, pero aislados por la inmensidad del infinito.

 

Te debo todos los te quiero del mundo,

te debo las canciones que mencionarían tu nombre,

y te debo aquellos besos perdidos en mi almohada

que, por temor a cambiarte, ya no podré ofrecerte.

Solo espero que alguna noche evoluciones

y te conviertas en sol;

no importa si no amaneces conmigo,

me conformo con verte brillar feliz al día siguiente,

aunque sea en los brazos de otro cielo.

 

Pero, por sobre todas las cosas, recuérdame.

Recuérdame como aquel que te vio volar antes de que tuvieras alas.

Como aquel que te pidió un beso

y se quedó congelado esperando tus labios.

Mis manos ya no te tocan,

solo te alcanzará mi luz,

que seguirá iluminando tus caminos.

 

Ahora tal vez las noches te parecen buenas,

pero jamás serán eternas.

A no ser que yo me olvide de ti...

De lo cual sí debes tener cuidado,

porque el olvido puede opacar tu brillo

hasta diluirte en el viento

como la flor de un diente de león.

 

Porque así como las noches no son eternas,

los días tampoco lo son;

y el sol se puede cansar de darle brillo

a una luna que no lo merece.

 

 

Jaybert Jurlian Escalona

@jaybertjurlian