Se viste de orgullo, se esconde en la prepotencia,
confunde la terquedad con tener la razón;
su desidia marchita lo que exige paciencia,
y su incoherencia destruye los puentes del corazón.
Sin criterio ni humildad, se niega a comprender,
pierde afectos sinceros por no saber ceder;
y aferrada a su ego, sin mirar lo que destruye,
deja escapar el amor mientras su orgullo la consume.
Siempre seré yo, proclama con firmeza,
sin ver que en su camino va perdiendo su riqueza;
porque no gana quien nunca acepta un error,
sino quien pierde por orgullo lo que vale más que el honor.
Y cuando el silencio le muestre lo perdido,
quizás comprenda tarde lo que tuvo y no ha sabido:
que el orgullo da la espalda, la soberbia pone distancia,
y el amor que no se cuida termina siendo ausencia.
G3