Confiesa el pretexto
de los aguaceros,
que si no son estos
es el adusto silencio.
Y en caso peor,
el lamento sincero
que despellejo del ego:
enmarañado rebaño
de gusanos y sueños.
Que enhebrando mi meollo
descosen el blindaje,
y la luz enfermiza
despoja la herida.
Como a niña turbada
tras pesadillas
que no es socorrida,
la angustia verbaliza:
duérmete vida.