Al igual que el águila,
capaz de elevarse
en busca de nuevos horizontes
y otras montañas por conquistar.
Tras haber desterrado
sus propios fantasmas,
sombras y demonios terrenales,
han quedado liberados
de su propia mente,
de la que fue su prisión,
de la que fue su jaula.
Y por mucho que soplen
los vientos del norte,
o la niebla cubra los campos
que antes fueron verdes,
con sobriedad
y sentido de lo necesario,
reconociendo sus límites,
siguen aspirando a más.
Y así, aquí en la Tierra,
cada cual por su camino,
dando a cada paso su sentido...
porque lo vivido
también es llegar.