En la sombra convenían
de una calle mal cruzada
los males y pensamientos
de Jesús el malagana.
El dinero repartía
entre vicios y chorradas.
Mira a todo el que le mira
con solvencia y mala cara,
y luego palpa el bolsillo
donde alerta está su daga.
Con prisa siempre se mueve,
como sota en la baraja
de un prestidigitador
aunque no esté haciendo nada.
En el mútilo asfaltado
el húmedo husmo canta;
rabadán la luna esconde,
gloriosa canción infanda.
Por la calle sonreía
con una aguda katana
-aguda como un tambor-
que su traje aderezaba,
un muchacho bonachón
con los de su misma talla.
\"Truco o trato\" repetían,
y así, fácil, rellenaban
sus bolsas con caramelos.
Con una flama katana
vio el tremendo matasiete
al chico y la chavalada
de vecinos y colegas.
Pronto se tapó la cara
-¡qué alegre su cobardía!-
y con ella ya tapada
se aceró a dar buenas noches:
\"Irme soltando la pasta,
putos niñatos de mierda\";
los móviles a la carta,
del dinero no vio diente.
Luego tomó la katana
(de su anime favorito,
el que embraveció su alma)
y al muchacho diole un golpe
al ver que no está afilada.
En esto llegó un vecino
y con una gran manaza
a Jesús volvió gatito,
y los niños a sus casas.