Mi estómago gime, dice, ya no puedo mas,
ya no te quiero escuchar.
Rechaza mi alimento similar a
tachos de basura rancios sin purificar.
Ya te entendí, pero no he podido cambiar.
No es la primera vez,
que la vida me condena
y me pide que salte
al vacío sin dudar.
Aun en la vejez,
que tan aburrida a de ser.
No te creas que no hago nada...
lo que hago, no es mi deber,
ni mi parecer.
Hago cosas solo para ocupar
el tiempo y la dejadez.
Tiempo de sobra para pensar estupidez,
Estomago perdóname otra vez.
Eres el deposito de mi angustia nunca sanada
y sin voluntad dejada.