En el abismo de cristal cayó la aurora,
y tus manos de lluvia, Mei-Ling, daban abrigo,
más la feroz inclemencia que todo lo devora
dictó desde el cielo que no estuvieras conmigo.
¿Cómo decirle al mar que nos ha separado,
que una grieta de hielo quebró nuestro mapa?
El viento devoró lo que habíamos soñado
y una ventisca cruel del destino nos atrapa.
Hay un rayo constante que jamás se apaga,
una marea de sombras que sepulta la aurora,
y aunque el amor nos une con su dulce plaga,
la tempestad implacable la vida nos consume.
Nos buscamos en redes de seda y de viento,
enamorados los dos bajo un cielo sediento,
pero el huracán nos arranca sin clemencia alguna
y arrastra los besos más allá de la luna.
Mei-Ling, mi leve mariposa de luna,
la inclemencia del mundo nuestra historia proscribe;
por ti el alma daria en esta indeseada bruma,
pero la tormenta nos ahoga y nos prohíbe.
¡Mei-Ling no habrá tempestad, que a nuestro fuego de lealtad, ningún rayo lo quiebre a la mitad!