Franjablanca

Crónicas periodísticas

Un dandy con perfume de linimento,

el jeta que te vende un final feliz,

el ramo de la novia lleva el acento

en la vocal abierta de su perdiz.

 

Un gangster retirado de punta en blanco,

la viuda va de boda con un donjuán,

el padre del padrino tampoco es manco

y el hijo del difunto es el namber uan.

 

La herencia que ha dejado para la esposa

es un bajorrelieve sobre una losa.

 

Una sortija

para la hija.

Vive en el filo

del peristilo

de su jardín.

Flor de probeta,

cómo lo peta;

cada mañana

por la ventana

huele a jazmín.

 

Un cursi da un cursillo de andar por casa:

la vara que nos mide el bien y el mal;

un tipo que no para de dar la brasa

y al lado su querida posa formal.

 

El cojo que ha sacado los pies del tiesto

resbala con sus babas de caracol.

Brindemos con aplausos el manifiesto.

La peña baila todo con el alcohol.

 

Que alguien me presente a la de rojo.

Los buitres del final no le quitan ojo.

 

Todo es un lío,

qué desafío.

Falta una coma

en el diploma

del corazón.

Cambia de espejo,

gafas de lejos.

Vamos al grano,

toca el piano

sobre el colchón.

 

La noche que recicla los alicientes

se abre su camisa de par en par,

la Luna selecciona bien los clientes

que alquilan sus velitas para cenar.

 

Goteras en el cielo, lloran las nubes;

riada en el bautizo de Peter Pan.

Sus párpados se abren cuando lo subes

un metro por encima del río Jordán.

 

Un bardo que te cobra por pareado.

Qué cara es la pasión, cómo está el mercado.

 

La periodista

es la más lista:

come por pares

los caviares

de canapés.

Golpe certero

al botellero,

salto del plinto

con vino tinto

del Penedés.

 

El Sol envía un haz por telequinesia.

Desayunemos juntos en el hotel.

Al fondo una campana suena en la iglesia.

La del vestido rojo se llama Ayer.