Ya tengo listo el telón que cubre el cielo de nuestro imaginario salón;
y allá arriba la Luna brilla con la envidia que le despierta su rostro
He planeado esta noche hacerle el amor como usted nunca lo habría imaginado. ¡No se preocupe!
¡No se desnude! (Aún);
¡No es lo que usted piensa!
Lo haremos al compás de la música que me ofrece su voz;
de esa forma las notas volarán por los aires ofrciéndonos ese aplauso que creemos merecer.
Esta noche secaré sus lágrimas con mis labios para disfrutar con usted el sabor de la música de nuestro corazón.
Volaremos talvez a ese eterno amanecer que siempre me ofrece su piel; así, usted asirá mi mano con esa promesa de no soltarla nunca, mientras yo le haré el amor con las mías en su cintura.
Seamos esos dioses que bailan en medio de las estrellas sabiendo que nunca se apagarán, pues es su baile el que las mantiene brillando.
Seamos verso y poesía a la vez;
rima y estrofa de ese poema que yo empezaré a notar en usted,
pues es de ahí de donde yo saco mi inspiración para escribirle sobre su piel con mis labios y caricias.
¡No nos olvidemos más allá de este momento!
¡Que nuestras notas se hagan eternas en este compás!
Yo así la amaré más allá de todo sentimiento,
como si fuera la única mujer a quien he de amar.
Usted coja mi mano sin vacilaciones y acerque su cuerpo al mío.
¡No se deje llevar por viejas desilusiones!
Yo la amaré tal cual, aunque entre nosotros crezca el frío.
Déjeme amarla esta noche y todas las demás, mientras el brillo de sus ojos se transforma en la luz que nos acompaña en este imaginario salón, eso sí, con la promesa de que usted siga siendo mi musa a la que yo siempre le haré el amor en mis letras y al ritmo de esta canción.
Seamos más que sentimiento puro más allá de esta vez;
usted frente a mí, mirándome con su suave rez;
y yo aquí, frente a usted, rindiéndome a sus ojos.
Seamos más que música que se entona a las estrellas cuando se está enamorado;
usted, mi compañera de vida por la eternidad;
y yo, para usted, mucho más que un poeta apasionado.
No dejemos que los problemas mundanos nos apaguen esta música; seamos sordos a ese ruido de afuera;
así, esta noche, usted y yo seremos ese poema que se entona como nunca;
usted, desnuda en su alma;
y yo, aquí, demostrándole de que existen mil y una formas de hacerle el amor a una bella doncella.