Quien corre por llegar pierde el camino,
y no contempla el alba que se dora;
la vida da su fruto a quien demora
su paso y oye el pulso del destino.
No todo resplandece al peregrino,
ni toda flor despliega su belleza;
hay luces que florecen en tristeza,
y sueños que ennoblecen nuestro sino.
La prisa vuelve polvo la sonrisa,
y el alma pierde el pulso de su nido;
mas quien ama hace eterno cada instante.
No vence al tiempo quien le exige prisa,
lo vence quien, de amor estremecido,
hace de cada encuentro algo constante.
JUSTO ALDÚ © 2026