Se siente como la tecnología ha llegado,
clavando sus raíces,
creando cicatrices en un futuro que va sin apuro,
enterrando el legado de autonomía,
sesgado por la IA.
¿Será que todavía tenemos el control de la máquina?
¿O es ella quien nos guía?
Ya no pensamos en el día a día,
solo seguimos la vía.
Así se extingue la poesía, escritura y cultura,
creando una ruptura,
una oscura amargura futura
que perdura,
si no se acaba con esa estructura.
¿Qué sería de la vida sin Gabriel García?
¡Qué suerte tuvieron los que pudieron leer a Julio Verne!
Dime, ¿qué se haría sin El Mago de Oz,
sin El Principito y sin Alicia en el país de las maravillas?
Se perderían las costillas de la vida,
todo sería una mentira.