Dame poco de ti, que vale tanto,
lo mínimo que tengas para darme,
el cántaro jovial en que saciarme
de tu risa perlina y de su canto.
Tu distancia me hiere, es el espanto
que ha privado a mi paz de sus gendarmes,
y desvalido, inerme, al alejarme
mi herida se ha inundado con mi llanto.
Tu mínimo recuerdo me compensa,
por eso dame la ilusión escasa
de encontrarte otra vez en mis despensas,
en los patios del sueño, en esta casa.
Tu remota sonrisa es recompensa
para mi edad sin ti que pesa y pasa...