Decir la piel,
recrear un sueño,
vivir eterna entre
canvas y desvelos.
Plasmar el lienzo
sin tocar el cuerpo;
desnudo mi rubor…
muero de miedo.
Cierro los ojos,
imagino que
me cubren cielos.
No quiero pensar
que aún detrás
del velo se asoma,
indiscreto, mi pecho.
Me imagino diosa
alada, cual Isis inmortal,
amada.
Mientras tu llegada
espero, me siento turbada.
Mas no tardas mucho.
Cruzamos miradas.
Nada se te escapa:
ni la luz que se posa
imprudente en mi cara.
Transcurre el tiempo,
inmóvil mi espalda,
como si entre espinas
estuviese atada.
¡Al fin satisfecho!
La obra es lograda.
Tus ojos tan grises
brillan como espejos;
veo mi silueta
reflejarse en ellos.
Era inevitable: tus labios,
mis labios… se buscan,
se encuentran.
No te bastó mi piel,
solo con pintarla,
y estás atrapado
en tu propia red.
Toma lo que quieras,
que ya estoy perdida.
Y si quieres agua,
por ti soy un río
de corrientes claras.
Si me quieres fuego,
ardo en la montaña,
y si tienes frío,
te presto mi abrigo,
porque, a fin de cuentas,
ya tienes mi piel.