¡Tan lejos ya de mis venas
y tan cerca de mis temores!
La predispuesta memoria,
alejada de mis deseos,
se abraza con mi pensamiento
en una conjura impostada
que me calcina las manos
con el pausado saludo
de tu codiciada ausencia.
Y yo, aún por un instante,
me lleno del sabor acre
de tu vestigio y el suave
regusto del tiempo entrante.
JOSE ANTONIO GARCIA CALVO